Un sitio web es más completo cuanto mayor es la información que contiene. Parece una afirmación de Perogrullo, pero muchas veces no se tiene en cuenta que mucha de esa información es texto, y ese texto tiene que ser leído por el visitante.
Para facilitar la lectura, debemos elegir una fuente que no canse la vista. Las ideales para textos largos son las de la familia sans-serif. Estas fuentes, al carecer de rebordes en los extremos de las letras, proporcionan unos contornos suavizados, que evitan cansar al visitante. Tampoco se debe de abusar de las distintas tipografías. Con tres, o a lo sumo cuatro fuentes, debería ser suficiente.
Los textos en cursiva y en negrita no deben usarse a discreción. Un abuso de ellos provoca una pérdida de su efecto de realzado. Conviene utilizarlos única y exclusivamente para eso, para realzar las ideas más importantes dentro de un texto. Es necesario tener en cuenta también que muchos usuarios cambian el tamaño por defecto de las fuentes en su navegador. Este detalle puede echar al traste una cuidada maquetación, aparte de hacer nuestra página molesta para ese navegante en particular. Todos los textos de nuestra web deberán tener un tamaño definido, bien escalado mediante porcentajes o "ems", bien fijado por medio de pixels. El escalado es el método más elegante si está correctamente implementado.
Los colores de una página, y su adecuación a la actividad del sitio, van más allá de la estética, y se adentran en el campo de la psicología. Una gama de colores apropiada para un banco, es totalmente diferente a la de un supermercado, o a la de una web de videojuegos. Debemos elegir los tonos que den a nuestro sitio el grado de seriedad o informalidad que precisemos.
En el plano de la legibilidad de la página, es aconsejable evitar combinaciones de bajo contraste, sobre todo para la zona donde se concentre el texto. Letras rojas sobre un fondo verde sería el ejemplo claro de lo que no se debe hacer. El atributo blink no debería usarse nunca. El texto parpadeante es quizás, junto con las ventanas emergentes, una de las cosas más molestas que se pueden encontrar navegando. La idea es que nuestros visitantes pasen tiempo en nuestro sitio y vuelvan a menudo. Y ese tipo de trucos, lejos de captar la atención del usuario, consiguen ahuyentarle.
Un sinónimo de navegar por internet es surfear y debemos tratar de conseguir que el visitante haga surf por nuestra web, que sea un momento relajante y/o divertido. Para ello debemos facilitarle el acceso a la información que demanda con rapidez. Los trámites a realizar en nuestro sitio deben ser también reducidos al mínimo imprescindible. Si para adquirir un producto en nuestra web, el usuario debe navegar por 15 páginas distintas, rellenar siempre infinidad de datos, no le recordamos los pasos realizados, y la tarea requiere un tiempo considerable, es muy posible que desista de la compra.
Es preciso mostrar al visitante claramente organizadas todas las posibilidades de nuestro sitio. Todas las páginas deben seguir un mismo patrón para que el usuario sepa donde encontrar cada cosa. Las zonas del sitio que más nos interese que visiten tendrían que estar accesibles desde todas y cada una de las páginas de nuestra web.
La paciencia del navegante es limitada. No debemos pretender que espere a que cargue una página llena de imágenes de gran tamaño, ni que lea de una sola vez textos muy largos. Es conveniente repartir esos contenidos en varios ficheros, para ser localizados con mayor facilidad.
La usabilidad de un sitio web, en definitiva, no es más que adaptarnos a las necesidades del cliente, y tratar de satisfacerle.